Mi familia tenía plata y yo estaba a cargo de administrar ese patrimonio. Por querer sacarme el cacho de encima, terminé de socio capitalista en un factoring fundado por un viejo amigo y su hermano.Perdón, un examigo y su hermano. Hoy en día no estoy orgulloso de que mi nombre esté asociado al elenco de personajes de este cuento, junto con Hermosilla, los Sauer, los Jalaff y otros, pero a lo largo de mi vida me he equivocado en más de una ocasión. Y si algo he aprendido es que nadie se la lleva pelada. Mientras más feo el condoro, más caro te lo cobran. He pagado mis culpas con cárcel y multas millonarias. Además, perdí todo mi patrimonio y más de la mitad del de mi familia. Amistades, socios y conocidos desaparecieron de mi radar de un día para otro. Mi matrimonio se hizo añicos y los coletazos del caso sacudieron a todos a mi alrededor. Verse envuelto en un escándalo así no es ningún chiste
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Monsalve. La historia de la caída del subsecretario del Interior 